lunes, 28 de septiembre de 2009

UNA HISTORIA DE AMOR

En 1812 Albino García atacaba las fuerzas realistas que se encontraban en Irapuato. Anacleto Romero era un aguerrido jinete que formaba parte de las tropas mexicanas que luchaban por la libertad de estas tierras. Él era famoso por su valentía en el combate y por estar siempre acompañado de un fiero y noble mastín llamado “el diablo”.
Sin embargo, era un romántico empedernido. Cleto estaba enamorado de la Chiquis Quintana, quien era una bella moza criolla además de una ferviente patriota, oriunda de la ciudad de Irapuato. Antes de ingresar a las tropas de Albino, Cleto y la Chiquis se habían jurado amor eterno prometiéndole casarse con ella en cuanto fuera posible y obtuvieran la bendición del padre de ella.
Cuando las tropas insurgentes atacaron Irapuato, la Chiquis y su criada indígena fueron a buscar a Cleto, logrando reunirse con él en las orillas de la ciudad, sellando su promesa de amor con un apasionado beso. Sin embargo al despedirse de él, cuando ambas regresaban a Irapuato, fueron detenidas, ultrajadas y heridas mortalmente por las balas del ejército realista.
Las muchachas fueron llevadas al pueblo por unos vecinos, pero nada pudieron hacer para salvarlas, las dos murieron. Cleto no supo nada de la tragedia. Las tropas de Albino se retiraron a los verdes campos del Bajío, donde meses más tarde Cleto fue acribillado por las balas de las tropas del Coronel Antonio Linares en la Hacienda de Parangueo. “El diablo” atacó y mató a quien había matado a su amo, aunque fue muerto por la bayoneta de otro soldado español.
Corren los años…
A principios del siglo XX, la avenida Independencia era un camino vecinal bordeado de añosos mezquites y frondosos pirules con huertas a su vera, donde los nardos llenaban de suaves aromas las tibias noches de estío en tiempos de lluvia y en donde las milpas crecían salpicadas junto a multicolores amapolas.
Se dice que en aquellos años, en la madrugada cruzaba por aquel sitio un jinete espectral montado en un brioso corcel acompañado de un enorme perro de fieros ojos rojos.
“¡Es Cleto Romero, que regresa a buscar a su amada!”- decían los campesinos, santiguándose llenos de pavor.
Aunque la imagen sólo era percibida por unos instantes, quienes vieron su rostro decían que se mostraba angustiado y desesperado con furia en sus ojos.
Nadie se atrevía interponerse en su camino, pues quien había osado hacerlo, moría destrozado por “el diablo” quien se comía el corazón y su alma condenándolo a vivir en el infierno.
Aún en estos días, en algunas ocasiones se le ha visto por la Colonia Moderna, los alrededores del Estadio y de la colonia Jardines de Irapuato.
Estas advertido, tú sabrás si te cruzas en su trayecto…


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