jueves, 19 de febrero de 2009

IRAPUATO EN EL PERIODO VIRREINAL


Irapuato durante el periodo virreinal fue un punto importante del comercio con la ciudad de México, por ser sitio estratégico de la red de caminos novohispanos, llegando a abastecer de alimentos e insumos de minería, así como el desarrollo de la arriería.
En el año 1547 nace como estancia para la cría de ganado y como centro agrícola por la fertilidad de sus suelos. Se convirtió en uno de los enclaves agrícolas de gran relevancia en la llamada “granero de la nueva España”, su ubicación privilegiada permitió aprovechar las aguas del rio Silao a los primeros pobladores para impulsar una agricultura cerealera desligada de los vaivenes de los temporales y asegurar una productividad estable. Poco a poco, en los alrededores de Irapuato fueron surgiendo haciendas y ranchos que abastecerían de productos agrícolas a otras ciudades y lugares mineros del centro y norte novohispano. Debido al crecimiento geográfico y poblacional de la Nueva España, el gobierno virreinal se vio en la necesidad de cambiar la estructura jurídico-política del interior del territorio. De esta manera, por ordenanza expedida en Real Cédula dada el 3 de octubre de 1558 en Valladolid, muchas estancias dejaron de serlo para convertirse en Congregación. Tal fue el caso de este municipio, en donde la unión de varias estancias o fracciones de éstas conformó la susodicha Congregación de Irapuato. En 1589 al expedirse la Real Cédula de reducción de los indios a poblados, para su mayor y mejor adoctrinamiento y gobierno, Irapuato ejerció su categoría de Congregación. Con el cambio de categoría la población de Irapuato vio mejorada su actividad y condiciones de vida en todos los aspectos, pues muchos de los indígenas fueron avecindados en este lugar, además de que algunos mineros de Guanajuato tomaron a Irapuato como lugar de residencia.
Se sabe que fueron españoles los primeros residentes, pero es de suponerse que en la estancia también radicaban indígenas, que eran quienes realizaban las tareas relativas a la agricultura para los estancieros. Se ignora si en la estancia de Irapuato existían autoridades civiles o eclesiásticas, nombradas o instituidas, pero es presumible que en la práctica sí las había, sobre todo civiles. El primer alcalde del cual se tiene noticia fue Silvestre de Aguirre, que ostentaba el título de Teniente de Alcalde Mayor en el año 1609. Con la formación de la Congregación se efectuaron nuevas reducciones de indios, lo que ocasionó un aumento sustancial en la población de éstos, por lo cual se estimó conveniente la designación de un sacerdote permanente que pudiera adoctrinar a los vecinos. Al respecto afirma el mismo Martínez de la Rosa: "este hecho indica que la creación del curato en Irapuato fue contemporánea a la Congregación".
Es quizá entonces cuando se da comienzo a la catequización extensiva en la Congregación, por medio de un Hospital para indios tarascos donde se rendía culto a una imagen de Nuestra Señora de la Misericordia, a la cual con el tiempo se le edificó su propio templo. Para finales del siglo XVI la zona que hoy comprende el actual municipio de Irapuato comenzó a crecer en población debido a las mercedes reales concedidas en ese tiempo.
Debido a la prosperidad de las vetas guanajuatenses no tardaron en poblarse los valles existentes entre los minerales y la estancia de Irapuato. Las estancias de Silao, Irapuato y Jaripitío vivieron el esplendor productivo y también la decadencia al mismo tiempo que sucedieron en la Villa de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato. Ahora bien, el Bajío no se pobló de la noche a la mañana. De acuerdo con un informe episcopal, hacia 1620 su población no sobrepasaba a las cinco mil familias.
Por otra parte, la Congregación de Irapuato legalmente perteneció siempre a la jurisdicción de la Villa y Real de Minas de Guanajuato, pero ocurrió en dos ocasiones que dicha jurisdicción se encontró en disputa. Primero, en 1579, la Villa de León pretendió tener autoridad sobre la Congregación. Esta pretensión era inadmisible puesto que entre León e Irapuato está Silao y éste siempre perteneció a Guanajuato sin ninguna disputa. Después, en 1602, con Salamanca, que incluso fue fundada por un natural de Irapuato de apellido Sánchez Torrado. La controversia se inició en el año 1643 y no fue sino hasta 1652 cuando se dictó resolución sobre la legitimidad de los derechos que Guanajuato reclamaba; pero para su cabal cumplimiento fue necesario que Guanajuato amenazara con dejar de pagar el Quinto Real. Tales disputas son comprensibles tomando en cuenta la importancia de la Congregación de Irapuato como centro agrícola y comercial, además de que para Guanajuato representaba una fuente indispensable de abastecimiento de alimentos.

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