lunes, 16 de febrero de 2009

EL ANIMA DE LA CALLE COLÒN


Corría el siglo XV y a la Nueva España continuaban llegando mercaderes, aventureros y gentuza de rompe y razga que venían al Nuevo Mundo con el fin de enriquecerse como lo habían hecho los conquistadores.
Uno de esos hombres que llegaba a Irapuato en la Nueva España con el fin de dedicarse al comercio, fue don Felipe García de Santa María que tenía un negocio de víveres y géneros en la Isla de Cuba, pero ya por falta de buen negocio llegó sin saber como a esta ciudad.
Después de recorrer algunos barrios del viejo Eratzicutzio don Felipe García de Santa María se fue a radicar en una casa de medianía allá por el rumbo donde ahora se encuentra la calle de Colón atrás precisamente en donde ahora se encuentra lo que fuera el Cine Gaby y allí mismo instaló su comercio que atendía con la ayuda de su hijo, un recio y corpulento joven de buen talante y alegre carácter.
Quiso la mala suerte que enfermara Felipe chico y llegara a tal grado su enfermedad que don Felipe temió por su vida .Henchido de dolor por la enfermedad de su hijo y temiendo que muriese, don Felipe García de Santa María se arrodilló ante la imagen de la Virgen de la Soledad y prometió hacer una manda si su hijo se aliviaba-
Semanas más tarde el muchacho se recuperó y el padre no cumplió su promesa.
Vinieron tiempos de bonanza, el comercio prosperaba con la atención esmerada de padre e hijo y con esto, don Felipe García de Santa María se olvidó de su promesa, aunque de cuando en cuando, sobre todo por las noches en que contaba y recontaba sus ganancias, una especie de remordimiento le invadía el alma al recordar la promesa hecha a la Virgen.
Al fin un día fue a confesarse y le habló al padre de sus remordimientos, por la falta de cumplimiento a la promesa hecha a la Virgen y de lo que sería conveniente hacer, ya que de todos modos le había dado las gracias a la Virgen rezando por el alivio de su primogénito.
- Si habéis rezado a la Virgen dándole las gracias, no hay necesidad de nada más- le contestó el sacerdote.
Don Felipe García de Santa María, volvió a su casa, al trabajo y al olvido de aquella promesa de la cual ya se sentía libre de todo pecado.
Más he aquí que un día, apenas amanecida la mañana, los vecinos de don Felipe García de Santa María lo encontraron a éste ojeroso, cadavérico y con una túnica blanca que lo envolvía, mientras caminaba rezando con una vela encendida en la mano derecha hacia el templo de la Soledad.
Los vecinos fueron a hablar su hijo pero estos más se extrañaron cuando éste les dijo:
-Mi padre murió al amanecer, pero antes dijo que antes debía pagar no sé qué promesa a la Virgen.
Esto acabó de comprobar a todos cuantos fueron testigos. que lo que habían visto era el ánima de don Felipe García de Santa María.
Pasaron los años... y los siglos….Y dicen que el alma de don Felipe García de Santa María sigue deambulando por esa calle y aún es posible verlo cubierto con el sudario blanco y carcomido, pidiendo que reces por él para poder librarse de su castigo eterno, pero no por miedo debes prometerlo hacerlo y olvidar tu promesa, porque de ser así el vendrá por ti el día de tu muerte para que lo acompañes a seguir vagando por esta tierra….
Autor:Jesús Alberto Sánchez Valtierra

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